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Nos extinguimos como aquella España que todos vivimos (Por Pilar Correa)

✍️ Por: Pilar

Publicado el: 26/07/2026 09:23

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Somos expectantes de nuestra propia extinción sin estar dispuestos a cambiar nuestro modelo de vida. Pero si no cambiamos nuestros hábitos nosotros, será el planeta quien nos lo haga cambiar.

 Actualmente, el récord oficial en España es de 47.6 °C (registrado en La Rambla, Córdoba, en 2021).

Superar los 50 °C entraría en umbrales de supervivencia humana y colapso de infraestructuras.

Un aumento de temperatura entre los 50 °C y 60 °C transformaría radicalmente a España, haciendo que gran parte del territorio sea inhabitable durante el verano y alterando por completo la economía, la salud y los ecosistemas.

Superar los 50 °C con humedad moderada sobrepasa el límite del "termómetro de bulbo húmedo", donde el cuerpo humano ya no puede enfriarse mediante el sudor, provocando golpes de calor mortales en pocas horas.

La vida exterior diurna desaparecería por completo. Las jornadas laborales, las compras y la socialización se trasladarían obligatoriamente a la madrugada y la noche.

El modelo turístico veraniego colapsaría. Los visitantes europeos evitarían España en julio y agosto, desplazando la temporada alta hacia la primavera y el otoño, o hacia países del norte de Europa.

La producción de olivares, viñedos y cereales en el centro y sur del país sería inviable.

El suelo sufriría una desertificación irreversible, transformando el paisaje en un clima similar al del Sáhara.

Trabajos al aire libre (construcción, agricultura, reparto) tendrían que prohibirse por completo durante los meses estivales.

La demanda de aire acondicionado provocaría apagones constantes por la saturación de la red eléctrica. El aire acondicionado pasaría de ser un bien de confort a un derecho de supervivencia médica.

Las vías del tren de alta velocidad (AVE) podrían deformarse por el calor extremo, las pistas de los aeropuertos se ablandarían dificultando los despegues, y los motores de los vehículos sufrirían sobrecalentamientos masivos.

La evaporación acelerada de los embalses dejaría al país en una sequía crónica, obligando a racionar el agua potable para el consumo doméstico y prohibiéndola para riego o piscinas.

Con más de 50 °C, la vegetación se vuelve extremadamente inflamable. Los incendios forestales serían incontrolables, devastando millones de hectáreas y acelerando la pérdida de biodiversidad.

La fauna y flora ibérica nativa no soportarían estas temperaturas, provocando la muerte masiva de aves, mamíferos y la desaparición de bosques de pinos y encinas.

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